Mi sketchbook es ese espacio donde todo puede comenzar —o simplemente quedarse. Entre dibujos, collages y fragmentos dispersos, se filtran pensamientos que necesitan tomar forma antes de desvanecerse. Crear cotidianamente es, para mí, una práctica de equilibrio: una especie de terapia que mantiene en movimiento mi proceso creativo y mi salud emocional. En estas páginas aparecen temas que me ocupan, intuiciones que necesito observar, gestos que ensayan una salida o una conclusión. A veces, no hay propósito más allá del juego: dejar que la mano piense y el pensamiento respire.